Los riesgos a los que se enfrenta el sector de la construcción… más allá del coronavirus

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Al sector de la construcción se le amontonan los problemas. Y es que al fuerte impacto económico previsto en la economía y el empleo derivado de la crisis del coronavirus se suman otros frentes abiertos que están aumentando el riesgo de impago y las insolvencias.

Según un estudio de Crédito y Caución, la actividad está afrontando a nivel mundial altos niveles de competencia, márgenes reducidos, retraso en el pago de los compradores públicos y tasas de fracaso empresarial por encima de la media. De hecho, sostiene que “la larga duración de los pagos, los problemas de flujos de caja y la debilidad financiera de los pequeños actores de la construcción son un problema global”.

En este escenario, y teniendo en cuenta que el ladrillo es un sector cíclico que está estrechamente vinculado a la evolución económica de los países, las actuales previsiones económicas (que apuntan a una recesión en las grandes potencias occidentales por la pandemia del covid-19) podrían afectar negativamente a las inversiones y la confianza en todos los mercados, y afectarían en última instancia a los resultados de la construcción en muchos países”.

En el caso concreto de España, el informe señala que, en los últimos años, la inversión en construcción ha crecido de forma más rápida que el PIB, beneficiándose del robusto crecimiento económico en España (superior a la media europea), una mayor inversión extranjera y bajos tipos de interés. Por eso, y aunque partía de mínimos por la anterior crisis, la actividad “está entrando en una fase más madura, con los precios de venta y la construcción de casas perdiendo impulso”, y añade que “la situación general del mercado de la construcción residencial sigue siendo débil”.

Por ejemplo, destaca que “el riesgo de crédito se ha deteriorado especialmente en el segmento de construcción residencial, en un contexto de márgenes estrechos, fuerte competencia e incertidumbres relacionadas tanto con la evolución de los precios de venta como de la demanda”. Además, señala que “la duración media de los plazos de pago en España es alta, en el entorno de los 100 días”, lo que ha provocado un repunte de los niveles de impago e insolvencia desde mediados del año pasado y que ya se situaban antes de la crisis del coronavirus por encima de los que registran otros sectores de actividad. 

De hecho, y antes de que empezara la pandemia, los expertos ya apuntaban a que 2020 sería un ejercicio marcado por las quiebras, la escasez de mano de obra y la caída de la inversión. Y los últimos pronósticos advierten de que la crisis del coronavirus pondrá la puntilla al ejercicio y agravará el problema de la morosidad en la construcción.

Todos estos problemas crecen en las pymes, muchas de ellas con altos niveles de endeudamiento y con menor capacidad que las grandes empresas para acudir a los mercados en busca de financiación y para soportar los crecientes costes laborales y de las materias primas. De ahí que el sector apueste por la concentración empresarial como una vía para garantizar la supervivencia y el crecimiento.

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